El equipo del Proyecto Siguiendo Ballenas documentaron el desplazamiento de un ejemplar desde el Atlántico Sur hasta el Pacífico chileno. Análisis genéticos y seguimiento satelital revelan pistas clave sobre su comportamiento migratorio y la conectividad entre poblaciones.
Atenea junto a su cría en Península Valdés. Crédito: Siguiendoballenas.
7 de agosto de 2026 - El proyecto colaborativo Siguiendo Ballenas, que lleva diez temporadas estudiando los movimientos de la ballena franca austral mediante transmisores satelitales de última generación, documentó un hito de uno de los individuos monitoreados. En el año 2023, un ejemplar de ballena franca austral (Eubalaena australis) bautizado Atenea fue instrumentado para conocer su comportamiento migratorio una vez que abandona el Golfo Nuevo, en la Provincia de Chubut, y se registró que emprendió viaje en línea recta hacia el sur hasta llegar al Cabo de Hornos, donde viró y comenzó a transitar por el océano Pacífico a través del talud de la costa chilena. Se trata de la primera vez que los especialistas logran documentar un viaje de océano a océano de una ballena franca austral.
“El dispositivo que portaba Atenea es una tecnología nueva que nosotros llamamos de corta duración, porque en promedio dura entre 25 y 30 días, por lo que estaba justo en los límites de tiempo para poder tener registros. El viaje de Atenea hacia esa zona es algo que nunca se había registrado hasta ese momento”, cuenta Santiago Fernández, becario del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR) del CONICET e integrante del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) del CONICET.
Atenea, una hembra adulta, y su ballenato permanecieron en la costa noreste del Golfo Nuevo, lugar en donde fue instrumentada, durante tres días, para luego comenzar su migración. Durante el trayecto total registrado recorrió 2767 kilómetros a una tasa promedio de 112.95 km por día, finalizando la transmisión frente a las costas de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, en la provincia de Última Esperanza.
Para determinar si Atenea mostraba una afinidad más cercana a la población del Atlántico Sur o a ballenas muestreadas previamente en el Pacífico Suroriental, los científicos evaluaron su perfil genético mitocondrial obtenido de una biopsia de piel de Atenea: “Durante años se hipotetizó que las ballenas francas de Perú y Chile formaban una población distinta a la del Atlántico. El perfil genético de Atenea la vincula más estrechamente con el Atlántico, y las muestras provenientes de Chile que se pudieron analizar, indican que tenemos que revisar nuestra hipótesis. Es posible que haya una mayor conexión que la que pensábamos entre las ballenas francas del sur del Atlántico y el Pacífico”, agrega Fernández.
Atenea recorrió 2767 kilómetros a una tasa promedio de 112.95 km por día. Crédito: CENPAT y Siguiendoballenas.
En las ballenas francas australes, la fidelidad a las áreas reproductivas y de alimentación se transmite culturalmente, en gran medida, de las madres a sus crías durante su primer viaje migratorio y puede persistir a lo largo de varias generaciones. Es por ello que una de las hipótesis que surge a partir de este registro es que Atenea pudo haber ido a esa zona a alimentarse junto a su madre cuando era joven. O bien, siendo un animal curioso y aún sin cría, recorrió el área, encontró buen alimento y por eso decidió regresar años después con su propia cría. “Es por eso también que hicimos el estudio genético, para ver si Atenea tenía los haplotipos o compartía parte de su genética con la población del Pacífico”, explica el becario del CENPAT.
El viaje del Atlántico al Pacífico de esta hembra de ballena franca austral no deja de sorprender al equipo de trabajo, debido a que demostró que las ballenas de la población del Atlántico Sur pueden migrar hacia regiones atribuidas actualmente a la población del Pacífico que se encuentra en peligro crítico.
“Estamos hablando de una población diezmada por la cacería industrial durante dos siglos, y hoy el ser humano se acerca a ella no por el valor de su grasa o sus barbas, sino valorando su rol ecológico, su asombroso comportamiento y su belleza. Estos proyectos tienen objetivos científicos, logran datos necesarios para identificar áreas claves utilizadas por estas poblaciones que deben ser cuidadas y manejadas mitigando cualquier tipo de amenazas. Pero también aportan conocimientos que nos sorprenden e inspiran, recorridos que conectan océanos, información sobre factores asociados a la salud animal para escalar la investigación a especies amenazadas y más sensibles, brindan información valiosa que inspiran y generan conciencia sobre su belleza y nuestro rol clave para su cuidado y conservación”, señala Valeria Falabella, directora de conservación costero marina de WCS Argentina.
“Algo que destacamos en el trabajo es la capacidad de asombro que esta especie nos genera todos los años, ya que realizan recorridos muy variados. No ocurre como con otras especies, como por ejemplo la ballena jorobada que se reproduce en Brasil y migra hacia las Islas Georgias del Sur utilizando prácticamente la misma ruta de ida y vuelta, como si fuera una autopista o carretera marina. En el caso de las ballenas francas, lo observamos también en otras poblaciones como las de Sudáfrica y Australia: son muy dispersas y no siguen un patrón particular. Esto demuestra el valor del seguimiento satelital que llevamos adelante desde 2014 en este proyecto de largo plazo que nos permitirá, eventualmente, identificar si existe algún patrón, aunque determinarlo resulta un desafío complejo”, finalizó Santiago Fernández.
El programa colaborativo Siguiendo Ballenas es llevado adelante por científicos de organizaciones de distintos países y hasta el momento logró monitorear los movimientos de 145 ballenas por el Atlántico Sur y los mares australes.
Está integrado por el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni (CIMAS, CONICET-UNComa-INIDEP-Gobierno de Río Negro), la Facultad de Ciencias Marinas (FaCiMar) de la Universidad Nacional del Comahue, la Fundación Patagonia Natural, el Instituto Aqualie, el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), el Cooperative Institute for Climate, Ocean and Ecosystem Studies (CICOES) de la Universidad de Washington, Marine Ecology and Telemetry Research, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), el Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral, la Universidad de California Davis -Wildlife Health Center- y WCS Argentina. Los análisis genéticos fueron realizados por Laboratorio Generis de Comodoro Rivadavia y los detalles se pueden consultar en la web http://siguiendoballenas.org
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